Entrevista a Cuchita Pérez de la Rabadilla
Cuchita Pérez de La Rabadilla (Gijón, 1935), hasta ahora prácticamente una desconocida para los españoles, es la esposa y abnegada madre de los cinco hijos de Gonzalo Anes, el director de la Real Academia de la Historia, que se ha visto envuelto en polémica estos días tras la publicación del diccionario de biografías de esta institución.
Cuchita es una mujer apacible y siempre sonriente que durante estos años ha tenido una vida familiar "de extraordinaria placidez", según sus propias palabras. Hija de un ingeniero de minas navarro, Cuchita creció viendo a su padre partir hacia las cuencas hulleras asturianas para controlar el trabajo de los mineros, "que se emborrachan a la que te descuidas y no hacen su trabajo".
Católica practicante, Cuchita ha dado una firme educación religiosa a sus cinco hijos. El cuarto de ellos, Alberto, es homosexual y vive con su pareja en San Sebastián, donde tiene un estudio de arquitectura. Cuchita afirma orgullosa que en su familia son "muy tolerantes" y que si algún día su hijo se decide a adoptar, a sus nietos no les faltará una referencia femenina porque ella está dispuesta a implicarse en su educación todo lo necesario. "Es una lástima que mi hijo haya salido así, pero nosotros lo vemos contento y lo queremos como si fuera normal", asegura sin perder la sonrisa. "No es cierto que seamos franquistas: somos una familia abierta y moderna. Además, Cristo dijo que debemos amar a todos por igual, sin tener en cuenta sus pecados", remacha con convicción.
Cuchita ofrece un té que el entrevistador acepta y unas pastas "caseras, con una puntita de anís" que se deshacen inmediatamente en la boca. Cuesta así ponerse a la defensiva con ella, pero es necesario, por lo que el entrevistador se concentra en su papel y conecta la grabadora.
P. Estos días su marido se ha visto rodeado por la polémica.
R. Sí, y no entiendo por qué. El Diccionario es una obra colectiva y Gonzalo no ha tenido nada que ver.
P. Su marido es el presidente de la Real Academia de Historia.
R. Sí, pero él no ha supervisado ninguna entrada del Diccionario.
P. ¿No le parece que por lo menos debería haber echado una ojeada a las 20 o 30 entradas más importantes?
R. ¡Sí, para que le llamaran de todo! Gonzalo hace muy bien evitando meterse en política.
P. Su marido preside la Real Academia de Historia. Eso es un cargo político.
R. Llevo muchos años diciéndole a mi marido que se deje de conferencias y academias. Ya tiene ochenta años y debe cuidarse más. Estas cosas hay que dejarlas para los jóvenes, que luego te llaman franquista por tonterías.
P. Su marido evitó pronunciarse cuando le preguntaron si Franco era un dictador. Es de suponer que un historiador de renombre como él tenga algún criterio acerca de eso.
R. Ustedes no hacen más que preguntar y preguntar cosas que no interesan a la gente. Ninguna de mis amigas se ha planteado jamás qué opina mi marido de Franco. ¿A quién le puede preocupar eso, si hace ya muchos años que dejó este mundo? Cuando yo crié a mis hijos, en la televisión sólo ponían cosas edificantes, no como ahora, con esos programas llenos de morbo. El otro día pusieron en la tele pública un reportaje de gente que buscaba huesos de maestros rojos fusilados en la Guerra Civil, fíjese. Cuánto empeño en remover el pasado.
P. ¿Franco era un dictador?
R. Franco era una buena persona que sólo quería el bien para España, pero lo perdieron los métodos. No tenía que haber matado a tanta gente, aunque no sé cómo podría haber terminado con la República de otro modo. Habríamos acabado como en Rusia. ¡Imagínese! Esto lo comentamos mucho mi marido y yo en las comidas.
P. ¿Qué va a hacer esta tarde, cuando termine la entrevista?
R. He quedado con unas amigas para ir al Rastrillo. Los negritos de África necesitan nuestra ayuda.